Té Blanco

Historia del té blanco

El té blanco muy especial pero asequible que puedes encontrar en Teterum es de diferentes sabores y buena calidad. Los tés blancos tienen un sabor suave y floral porque son brotes tiernos y frescos de la planta del té Camelia Sinensis. Una de sus propiedades más destacadas para la buena salud es su capacidad alcalinizante del organismo. Por lo que adoptar la rutina de beber té blanco es un hábito saludable muy recomendable para proteger nuestras celulas.

tés blancos de producción única vídeo

No hay unanimidad a la hora de establecer una historia del té blanco. Lo único que está claro es su lugar de origen: China, que también es la patria de las otras grandes variedades del té, como el verde, el rojo o el azul.

 

La hipótesis que a priori tiene mayor credibilidad sitúa el origen del té blanco en los siglos más recientes, por lo que estaríamos ante la variedad de té más joven. Aunque en ocasiones se hace mención a la pasión que algunas dinastías medievales chinas tenían por este té blanco, no sería del todo correcto identificarlo con el té blanco que conocemos actualmente, pues por entonces se producía y preparaba de manera diferente: las hojas se cocían al vapor, se secaban y se molían, mientras que ahora se prensan.

 

No es hasta los últimos años del siglo XIX cuando empezamos a tener referencias más certeras y claras sobre este té blanco, que se incorporaría al catálogo de productos del comercio internacional. No obstante, también cabe la posibilidad de que este té fuera un producto de poca producción y destinado al consumo interior por parte de las clases más pudientes y que solo a partir de esa fecha se empezara a conocer también fuera del país.

Producción del té blanco

La producción del té blanco nunca ha sido a grandes escalas, de ahí la posibilidad de que pasara desapercibido a los ojos occidentales durante mucho tiempo. En cualquier caso, la producción de este tipo de té se reduce prácticamente a China (y más concretamente a la provincia de Fuijan) y a la isla de Sri Lanka.

 

El té blanco es un tipo de té muy poco oxidado y su proceso de producción es bastante simple, aunque su selección por el contrario es muy estricta y rigurosa: para el té blanco solo se recolectan las hojas más jóvenes de la Camellia sinensis y las yemas más delicadas antes de que se abran, pues solo estas tienen las vellosidades blanquecinas o plateadas que aportan la calidad necesaria para este tipo de bebida.

 

Después de esta estricta selección, se dejan marchitar de manera natural para que se evapore la humedad que tienen y posteriormente se desecan, principalmente al aire o con el sol. A diferencia de otros tés, como el azul, no necesita realizar labores de agitación ni otros movimientos: el gran valor de este té blanco es la calidad de las hojas y yemas seleccionadas.

Propiedades del té blanco

El té blanco, por el hecho de provenir de la Camellia sinensis al igual que las otras variedades como el té verde, el rojo o el negro, tiene muchas propiedades en común con sus ‘hermanos’. No obstante, se considera al té blanco como una bebida de futuro porque tiene efectos positivos sobre algunas de las grandes enfermedades del siglo XXI. Es el caso de los trastornos cardiovasculares: algunos estudios apuntan a que hay un descenso estadístico de derrames cerebrales entre los consumidores regulares de esta bebida. Además, ayuda a reducir el colesterol y la hipertensión, por lo que el corazón también se ve fortalecido. Por otro lado, muchas investigaciones en curso apuntan a que tomar té blanco con regularidad también es un método de prevención del cáncer, en especial el de colon, estómago y próstata.

 

Más allá de esto, los beneficios del té blanco son numerosos. Por ejemplo, su efecto ‘detox’, es decir, que tiene presencia de nutrientes anti-oxidantes y anti-envejecimiento. Una de las grandes beneficiadas por ello es precisamente la piel, recuperándola y previniéndola de daños como el estrés o el sol. Además, cabe mencionar el fortalecimiento de los huesos y su contribución a unas encías y dientes sanos.

Preparación del té blanco

Como estamos ante un té muy suave y delicado, su preparación también debe ser muy cuidadosa. De hecho, el tiempo de reposo que se recomienda para el té blanco es el menor de todos los tés, salvo algunas variedades aromatizadas. Hablamos de no más de 3 ó 4 minutos. La cantidad en gramos por litro de agua también debe ser moderada, en torno a 11 gramos.

 

Para que la calidad del té blanco sea óptima también es aconsejable que la temperatura del agua durante la preparación sea 75-80 ºC aproximadamente. Y por supuesto, emplear té a granel y en una tetera con suficiente espacio interior como para que las hojas se muevan libremente: la disolución así será mejor y se sacará más partido a su sabor. Posteriormente se usará un colador o filtro para que a la hora de servir no haya restos de esas hojas. En cuanto al azúcar, eso depende de los gustos de cada persona. Y en cuanto al agua, se recomienda que sea mineral o de la mayor calidad posible, para que no matice a su vez el sabor del té blanco.

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