Té negro

Historia del té negro

Una curiosa leyenda budista sitúa el origen del té en tiempos inmemoriales: Siddarta Gautama, fundador de esta religión, se arrancó los párpados con la intención de no caer dormido mientras meditaba durante un viaje por China. En el lugar exacto donde cayeron los párpados, nació una planta de té entre cuyos beneficios está la de aumentar la energía, una cualidad que el té negro aporta de manera notable.

 

El té negro se lleva preparando durante muchos siglos en India y en otros países asiáticos, pero es también uno de los tés pioneros en Occidente. ¿Por qué? La razón está en su conservación. Si bien el té verde y otras variantes poco fermentadas tienen un periodo de caducidad corto (un año aproximadamente), el té negro puede conservarse en óptimas condiciones durante más años. Esto lo convertía en un producto perfecto para el comercio internacional, en épocas en las que los viajes por mar duraban meses e incluso años. Por ello, en países de gran tradición ‘tetera’ como Reino Unido, esta variante es considerada la más clásica. Y también por ello, fue uno de los primeros tés en llegar a las colonias del Nuevo Mundo a partir del siglo XV.

Producción del té negro

A diferencia de otros tés como el rojo, cuya producción está muy localizada en una región concreta, el té negro se produce no solo en China sino también en otros países del continente asiático. De hecho, probablemente el té negro más famoso es el Assam, que se produce en la región homónima de India, donde el cultivo de esta planta es un auténtico modo de vida. Otros tés negros de India son el Darjeeling, en la región de Bengala, y el Nilgiri, procedente de la región de Tamil Nadu.

 

En China, pese a que no es la variante más popular, también se produce con regularidad, sobre todo el Lapsang souchong o el Keemun. Sri Lanka también es la cuna de uno de los tés negros más famosos: el Ceilán, llamado así por el anterior nombre de esta isla asiática. Tampoco conviene olvidar otros tés de esta variedad, como el nepalés, el vietnamita, el keniano o el Rize, uno de los más occidentales porque se cultiva en Turquía.

En cuanto a los métodos de producción, cabe indicar que el té negro atraviesa cuatro fases: el marchitamiento, el enrollado, la fermentación y la desecación. Tras estos cuatro pasos, las hojas del té negro adquieren este color, aunque posteriormente la taza muestre un color más rojizo (de ahí que los chinos lo llamen, en realidad, té rojo o hóngchá)

Propiedades del té negro

Como decíamos anteriormente, una de las propiedades más destacadas es la de proporcionar energía al organismo, gracias a la cafeína que posee. Sin embargo, a diferencia del café, sus niveles moderados de cafeína no sobreestimulan el corazón, sino que simplemente promueven un mayor flujo de sangre al cerebro, lo que mejora la atención y la concentración, gracias al aminoácido L-teanina.

Más allá de ello, las propiedades beneficiosas para la salud son muy numerosas. Por ejemplo, muchos estudios indagan sobre su capacidad antioxidante, puesto que los polifenoles presentes en la bebida combaten el daño celular. Esto arroja indicios acerca de que el té negro puede servir para prevenir diferentes cánceres, aunque aún se está investigando en la materia.

 

La diabetes también es una enfermedad que se puede prevenir con esta bebida, según diferentes estudios estadísticos. Por otro lado, los taninos presentes en el té negro cumplen dos importantes funciones: fortalecer el sistema inmunológico y mejorar el funcionamiento del intestino. No menos importantes son sus efectos positivos sobre la salud bucal o sobre los huesos, reduciendo el riesgo de padecer artritis. Y por último, un beneficio que puede considerarse además una consecuencia de todo lo anterior: mejora el estado de ánimo.

Preparación del té negro

Al igual que con el resto de tés, para preparar un buen té negro se ha de tener claro cuáles son las cantidades, la temperatura y los tiempos que debemos manejar. Y es que variando cualquiera de estos aspectos, el sabor final de la bebida cambiará, sobre todo en el caso del tiempo de infusión: cuanto más largo sea ese periodo, más amargo será el resultado. Puesto que cada variedad de té negro presenta unas cualidades diferentes según su lugar de procedencia o su procesado, lo más recomendable es consultar las indicaciones del envase para acertar en la elaboración de la bebida.

 

Por regla general, para los tés negros puros se suelen emplear entre 12 y 14 gramos por litro de agua, mientras que en los tés negros aromatizados suele bastar con 12 gramos. Por otro lado, los primeros requieren un tiempo de reposo de entre 3 y 4 minutos, mientras que en los segundos es suficiente con 2 ó 3. Y por último, un truco habitual que se lleva a cabo en países muy consumidores de té negro, como Inglaterra: cuando el té solo es muy astringente, se le añade leche.

¿Quieres comprar Té negro ?Hay 28 tés negros