Tipos de té

Negro, verde, rojo, azul, blanco... más que una carta de té podría parecer una de colores. Algunos de ellos nos resultan más familiares, como el té verde, rojo, negro o blanco. Sin embargo está entrando con fuerza en el mercado europeo el té azul, o Oolong, del que se dice que está a mitad de camino entre el negro y el verde. Y también se empieza a hablar de té amarillo, que no tardará mucho en encontar un hueco en nuestros estantes.

 

Pero, ¿a qué vienen todas estas variedades si vienen de la misma planta? Lo que realmente determina el color o categoría del té es la forma en que se trabaja y se procesa la hoja de la Camelia Sinensis. Además, dentro de cada una de estas tipologías nos encontramos con diferentes variedades y calidades, así como muchas mezclas (o blendings) de diferentes tipos de té, o de la misma variedad pero de plantaciones de diferente origen.

 

¿Quieres saber más acerca de cada uno de estos tipos? Encontrarás más información en cada una de las categorías correspondientes a cada tipo de té y en el magazine de Teterum.

Subcategorías

  • Té negro

    Historia del té negro

    Teterum trae los tés negros de mayor calidad. Los tés negros puros o en blend (tés negros aromátizados, literalmente mezcla) son para muchos los tés indispensables para un desayuno completo. Nos despiertan y activan por su alto contenido de teína y entre sus propiedades saludables podemos contar que cuida el sistema circulatorio y beneficia la salud cardiovascular y además evita el mal aliento.

    Una curiosa leyenda budista sitúa el origen del té en tiempos inmemoriales: Siddarta Gautama, fundador de esta religión, se arrancó los párpados con la intención de no caer dormido mientras meditaba durante un viaje por China. En el lugar exacto donde cayeron los párpados, nació una planta de té entre cuyos beneficios está la de aumentar la energía, una cualidad que el té negro aporta de manera notable.

    El té negro se lleva preparando durante muchos siglos en India y en otros países asiáticos, pero es también uno de los tés pioneros en Occidente. ¿Por qué? La razón está en su conservación. Si bien el té verde y otras variantes poco fermentadas tienen un periodo de caducidad corto (un año aproximadamente), el té negro puede conservarse en óptimas condiciones durante más años. Esto lo convertía en un producto perfecto para el comercio internacional, en épocas en las que los viajes por mar duraban meses e incluso años. Por ello, en países de gran tradición ‘tetera’ como Reino Unido, esta variante es considerada la más clásica. Y también por ello, fue uno de los primeros tés en llegar a las colonias del Nuevo Mundo a partir del siglo XV.

    Producción del té negro

    A diferencia de otros tés como el rojo, cuya producción está muy localizada en una región concreta, el té negro se produce no solo en China sino también en otros países del continente asiático. De hecho, probablemente el té negro más famoso es el Assam, que se produce en la región homónima de India, donde el cultivo de esta planta es un auténtico modo de vida. Otros tés negros de India son el Darjeeling, en la región de Bengala, y el Nilgiri, procedente de la región de Tamil Nadu.

     

    En China, pese a que no es la variante más popular, también se produce con regularidad, sobre todo el Lapsang souchong o el Keemun. Sri Lanka también es la cuna de uno de los tés negros más famosos: el Ceilán, llamado así por el anterior nombre de esta isla asiática. Tampoco conviene olvidar otros tés de esta variedad, como el nepalés, el vietnamita, el keniano o el Rize, uno de los más occidentales porque se cultiva en Turquía.

    En cuanto a los métodos de producción, cabe indicar que el té negro atraviesa cuatro fases: el marchitamiento, el enrollado, la fermentación y la desecación. Tras estos cuatro pasos, las hojas del té negro adquieren este color, aunque posteriormente la taza muestre un color más rojizo (de ahí que los chinos lo llamen, en realidad, té rojo o hóngchá)

    Propiedades del té negro

    Como decíamos anteriormente, una de las propiedades más destacadas es la de proporcionar energía al organismo, gracias a la cafeína que posee. Sin embargo, a diferencia del café, sus niveles moderados de cafeína no sobreestimulan el corazón, sino que simplemente promueven un mayor flujo de sangre al cerebro, lo que mejora la atención y la concentración, gracias al aminoácido L-teanina.

    Más allá de ello, las propiedades beneficiosas para la salud son muy numerosas. Por ejemplo, muchos estudios indagan sobre su capacidad antioxidante, puesto que los polifenoles presentes en la bebida combaten el daño celular. Esto arroja indicios acerca de que el té negro puede servir para prevenir diferentes cánceres, aunque aún se está investigando en la materia.

     

    La diabetes también es una enfermedad que se puede prevenir con esta bebida, según diferentes estudios estadísticos. Por otro lado, los taninos presentes en el té negro cumplen dos importantes funciones: fortalecer el sistema inmunológico y mejorar el funcionamiento del intestino. No menos importantes son sus efectos positivos sobre la salud bucal o sobre los huesos, reduciendo el riesgo de padecer artritis. Y por último, un beneficio que puede considerarse además una consecuencia de todo lo anterior: mejora el estado de ánimo.

    Preparación del té negro

    Al igual que con el resto de tés, para preparar un buen té negro se ha de tener claro cuáles son las cantidades, la temperatura y los tiempos que debemos manejar. Y es que variando cualquiera de estos aspectos, el sabor final de la bebida cambiará, sobre todo en el caso del tiempo de infusión: cuanto más largo sea ese periodo, más amargo será el resultado. Puesto que cada variedad de té negro presenta unas cualidades diferentes según su lugar de procedencia o su procesado, lo más recomendable es consultar las indicaciones del envase para acertar en la elaboración de la bebida.

     

    Por regla general, para los tés negros puros se suelen emplear entre 12 y 14 gramos por litro de agua, mientras que en los tés negros aromatizados suele bastar con 12 gramos. Por otro lado, los primeros requieren un tiempo de reposo de entre 3 y 4 minutos, mientras que en los segundos es suficiente con 2 ó 3. Y por último, un truco habitual que se lleva a cabo en países muy consumidores de té negro, como Inglaterra: cuando el té solo es muy astringente, se le añade leche.

  • Té Rojo

    Historia del té rojo

    En Teterum tienes excelentes y variados tés rojos de calidad. Té rojo puro o aromatizado con diferentes sabores. El té rojo despierta tanto como un té negro y también tiene antioxidantes como el resto de tés. Pero los tés rojos aportan una propiedad que es exclusiva suya: activan la producción de enzimas hepáticas por lo que son excelentes quema grasas y muy adecuados para la digestión y metabolización de grasas, así como muy adecuado para otros procesos desintoxicantes como por ejemplo para aliviar la resaca.

    La historia del té rojo no es tan antigua como la del té verde, considerado el primer té que surgió en China. Sin embargo, estamos ante una variedad de gran tradición, cuya recolección y consumo se lleva realizando desde hace numerosos siglos.

    No obstante, conviene aclarar primero qué es exactamente el té rojo, pues existen ciertas confusiones con respecto a su denominación en inglés y con respecto a la variedad Pu-Erh. Lo que en español conocemos como té rojo, en inglés se denomina dark tea y en chino es Hei Cha (cuya traducción literal sería té oscuro). Sin embargo, lo que en Occidente se conoce como té negro o black tea, en China se denomina té rojo (en mandarín, hóngchá). Por tanto, nos referiremos aquí al té rojo en español, dark tea en inglés y Hei Cha en chino.

    El otro gran error es llamar Pu-Erh a todos los tés rojos. En efecto, el Pu-Erh es té rojo, de hecho el más famoso, pero solo es un tipo, puesto que existen otras variedades de té rojo, como el Liu Bao.

    Las primeras noticias de recolección y procesado de té rojo datan de la dinastía Tang, que se desarrolló en China desde el siglo VII hasta el X. Desde el siglo XIV con la dinastía Ming, el té rojo dio un salto más allá de la nobleza y se comenzó a producir como fuente de beneficios económicos.

    Producción del té rojo

    El té rojo se produce principalmente en China, en la provincia sureña de Yunnan. Y más concretamente, en el condado de Pu-Erh, de ahí el nombre de la principal variedad del té rojo. Antiguamente, este té se conocía como té Ying-Shen, que hace referencia a la región a la que pertenece el condado Pu-Erh.

    El té rojo tiene una gran particularidad, derivada precisamente de su proceso de producción: se trata de un té que no se toma fresco tras recolectarse, sino que experimenta un proceso de envejecimiento o fermentación que le otorga ese característico color oscuro o rojizo. Esta fermentación se realiza en barricas de bambú, dentro de las cuales se depositan en forma de bola las hojas de la variedad de Camellia sinensis existente en esta región. Este proceso puede durar de 2 a 60 años, dependiendo del productor y de sus técnicas, que normalmente quedan en secreto, aunque en los años 50 del siglo XX se estandarizó un método de producción como consecuencia de la fuerte demanda de los emigrantes chinos en Hong Kong.

    Propiedades del té rojo

    El té rojo comparte muchas propiedades con el resto de variantes de té, pero hay algunas por las que destaca en especial. Es el caso de su capacidad dietética. Un consumo regular ayuda a mantener la línea gracias dos motivos principales: el primero, porque propicia la quema de grasas, siempre y cuando se beba antes de las comidas y se combine con hábitos de vida saludables, como una alimentación equilibrada y la práctica de ejercicio. El segundo, porque contribuye a absorber los azúcares y los triglicéridos. Esta tarea se realiza en el intestino delgado, por lo que otra consecuencia positiva es que regula la actividad de este órgano.

    Otra propiedad importante es la de cuidar la salud bucal. Aunque su efecto no es directamente blanqueador, sí combate la placa bacteriana y evita la aparición de caries. Además de ello, también se han probado sus beneficios en la prevención de la esclerosis, de trastornos cardíacos y de enfermedades respiratorias, entre otras afecciones. En general, se considera al té rojo como un buen aliado para fortalecer el sistema inmunológico.

    Preparación del té rojo

    La forma de preparar un té rojo depende de los gustos de cada persona, ya sea en cuanto a la temperatura, al periodo de infusión y a la cantidad de azúcar. En cualquier caso, lo más común en la elaboración de esta bebida es llevar el agua al punto de hervor (100º) y dejarlo infusionar unos cinco minutos antes de servir. Por supuesto, siempre es mejor emplear té rojo a granel que en bolsitas, pues el resultado es más natural. En cualquier caso, cada pack de té rojo incluye unas breves indicaciones sobre la temperatura y la cantidad de agua o el tiempo de infusión.

    En el verano, una de las variantes preferidas por los amantes del té rojo es elaborar té frío con esta bebida. El sistema de preparación es el mismo, aunque se recomienda que proporcionalmente haya más té o menos agua, para que la mezcla inicial sea más fuerte. Esto luego se compensa en la fase final del proceso, cuando se añaden los hielos para servirse bien frío. El té rojo frío admite gran cantidad de ingredientes como acompañamiento, ya sea fruta en trocitos o en batido, especias exóticas u hojitas de menta, por citar algunos ejemplos.

  • Rooibos

    Historia del Rooibos

    Compra rooibos de gran calidad y variedad de sabores en Teterum. El rooibos es la infusión de las hojas de la planta Aspalathus Linearis procedente de Sudáfrica, concretamente de la región de Cederberg. El proceso de producción es parecido al del té. Se recolectan las hojas del arbusto y se dejan oxidar al sol, lo cual sirve para que adquieran su particular sabor y color rojo. Existe otra forma de producción del rooibos que no tiene proceso de oxidación y que habitualmente se llama rooibos verde, imitando la producción del té verde, la variedad no fermentada del té. Sin embargo, el color resultante es un tono amarillo propio del arbusto.

     Tiene un alto contenido en antioxidantes y carece de excitantes como la teína o la cafeína. Por eso el rooibos es bueno para todo el mundo, niños, amyores, mujeres embarazadas o que están dando de mamar.

    El Rooibos es una de las bebidas más originales y completas que existen actualmente. Está alcanzando gran fama mundial pese a que su consumo es relativamente reciente: se considera que se empezó a emplear como bebida en el siglo XVII en Sudáfrica, su país de origen.

    No obstante, conviene hacer una aclaración importante: aunque a veces se le denomina ‘té Rooibos’, en realidad esta bebida procede de una planta que no es la planta del té (Camellia sinensis) sino de un arbusto sudafricano cuyo nombre científico es Aspalathus linearis. Una planta que, pese a reducida localización, cuenta con unas 200 variedades diferentes.

    Una de las primeras referencias que se hizo de esta planta fue en 1772 por parte del naturalista sueco Carl Thunberg. Era una época en la que la región sudafricana de Cederberg recibía múltiples expediciones por parte de exploradores europeos en busca de plantas medicinales con propiedades curativas. Con la ocupación holandesa del país, los nuevos colonos desarrollaron aún más su producción y consumo, hasta convertirlo en un producto para las clases acomodadas. Cuando se impulsó la producción internacional, sus semillas se colocaron entre las más cotizadas en relación al precio por kilo.

    Producción del Rooibos

    Cómo es lógico, la producción del Rooibos se reduce a Sudáfrica, y más concretamente a la región de Cederberg, que forma parte de la provincia Occidental del Cabo. Las condiciones climáticas de este lugar son de calor extremo, con un suelo pobre en nutrientes. Pese a ello, la planta muestra una perfecta adaptación y su cultivo se realiza en verano. Se trata de un producto tan autóctono y especial que el Parlamento de Sudáfrica está tratando de proteger no solo su producción sino también el nombre ‘Rooibos’ como señal de identidad del país.

    El proceso de producción es muy sencillo. Se recolectan las hojas del arbusto Aspalathus linearis y se dejan oxidar al sol, lo cual sirve para que adquieran su particular sabor y color rojizo. En ocasiones se llama a este proceso ‘fermentación’, con intención de asemejar el Rooibos a las variedades fermentadas de té. Además, existe otra forma de producción del Rooibos que no tiene proceso de oxidación y que habitualmente se llama Rooibos verde, precisamente con la misma intención de hacer un paralelismo con el té verde, la variedad no fermentada del té. No obstante, no tiene color verde como en el caso del mencionado té, sino el tono amarillento propio del arbusto.

    Propiedades del Rooibos

    La lista de propiedades del Rooibos es tan larga como sorprendente, y no tiene nada que envidiar a los beneficios que ocasiona el té. Quizá la propiedad más recurrente y famosa de esta bebida es que no tiene cafeína. Por ello, tiene un efecto relajante y además puede ser consumida por cualquier tipo de persona, ya sea adulto o niño. También es muy destacable el alto nivel de polifenoles que tienen sus hojas, encargados de realizar un trabajo ‘detox’ en el organismo, es decir, anti-oxidante y estabilizador de las células. De hecho, esta bebida también está siendo objeto de múltiples estudios por su supuesta capacidad anti-cancerígena, evitando la mutación de células.

    Un beneficio para la salud que lo diferencia del té es la prevención de daños cerebrales y enfermedades degenerativas, como el Alzheimer o el Parkinson. Además, comparte numerosas propiedades con las diferentes variedades de té. Es el caso del fortalecimiento de los huesos como consecuencia de su alto grado de minerales o la reducción del colesterol malo en sangre y la presión arterial, lo que disminuye el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Además, ayuda a que el organismo absorba un mineral tan importante como el hierro, mantiene la piel saludable y alivia multitud de problemas estomacales.

    Preparación del Rooibos

    La preparación del Rooibos es extremadamente sencilla. Simplemente, se hierve el agua y se echa la cantidad necesaria de esta planta. Normalmente son unos 14 gramos por cada litro de agua, y a ser posible en hojitas sueltas porque estas conservan mejor que las bolsitas todas las propiedades, incluido el sabor. Una vez que el Rooibos está en la tetera, se ha dejar reposar un máximo de cuatro minutos. Posteriormente, se cuela con un filtro y se sirve en las tazas. Una de las grandes ventajas en la preparación de esta bebida es que no necesariamente se ha de emplear azúcar, miel o edulcorante, pues ya de por sí tiene un sabor suave.

    El Rooibos también ofrece muchas posibilidades en cuanto a la preparación en frío para la temporada de calor. Incluso, se pueden preparar en forma de polos: aromatizados con hierbas y edulcorados con miel, se han de meter al congelador en contenedores para conseguir un helado de lo más refrescante, que se puede servir o presentar junto a frutas de temporada. Y todo ello sin perder sus numerosas propiedades para la salud ni su sabor agradable.

  • Té Azul

    Historia del té azul

    Los tés azules de Teterum son muy especiales, de alta calidad y sabores deliciosos, no dejes de probralos. Más suaves que los tés negros o los tés rojos pero más sabrosos que los tés verdes y blancos. Como propiedades tiene un nivel de teína medio y antioxidantes. No son astringentes y como los tés blancos, son ideales para ir bebiendo durante todo el día si no eres sensible a la teína.

    El té azul, también conocido como té Oolong, es uno de los más clásicos en China, auténtica cuna de esta bebida. Sin embargo, los expertos no se ponen de acuerdo en sus orígenes, que mezclan datos evidentes como sus zonas de producción con leyendas tradicionales propias de la cultura oral.

     

    Por un lado, se indica que el té Oolong tiene sus orígenes en el monte Wuyi, como demuestra la mención que se hace de él en la Canción de Té Wuyi, nombre con el que se conocería en sus comienzos al té azul. También se apunta a que se popularizó como auténtico tributo en ocasiones señaladas, sustituyendo al pastel de té del dragón-fénix. De hecho, se especula con que el aspecto de sus hojas, largas, curvas y oscuras, hicieran recordar a un dragón y se utilizara este nombre para referirse a la bebida. Más propio del imaginario colectivo tradicional parece la leyenda que habla del campesino Wu Liang (que derivó en Oolong) que descubrió el proceso de oxidación de las hojas de forma casual, después de una distracción durante su jornada de recolección.

    Producción del té azul

    Como decíamos, una de las regiones de mayor producción del té Oolong y, probablemente, la más antigua de la historia es el monte Wuyi, que se sitúa al norte de la provincia de Fujian, al este del país. Otra provincia en la que también se produce gran cantidad de té azul es Guangdong, al igual que la isla de Taiwán. Dentro de esta última se dan diferentes variedades, en función de las condiciones geográficas y climáticas en las que crezca la Camellia Sinensis. Menos famosos pero con grandes particularidades son el té Oolong vietnamita, el tailandés, el africano (principalmente en Kenia) y el nepalí.

     

    En cuanto a su proceso de producción, el té azul es muy especial. Se trata de un té semi-fermentado, es decir, con un grado de oxidación intermedio entre el té verde (sin oxidación) y el negro (máxima oxidación). Esta semi-fermentación ha de comenzar justo después de su recolección: se dejan marchitar las hojas a la luz del sol, se procede al agitado de las mismas dentro de cestas para romper los bordes exteriores y después se dejan secar. Además, se les sigue aplicando un movimiento especial durante un par de horas hasta que adquieren un tono amarillento. En Taiwán, esta fase es más larga y las hojas toman un color más oscuro.

    Propiedades del té azul

    Precisamente por ser una solución intermedia entre el té verde y el té negro, el té Oolong comparte muchas de las propiedades de ambas bebidas y se convierte así en una de las variedades más completas en cuanto a beneficios para la salud.

     

    Uno de los principales beneficios es el cardiovascular: el té azul actúa directamente sobre el llamado ‘colesterol malo’ y reduce sus niveles en sangre. Por tanto, el riesgo de padecer ataques al corazón es también menor. Muy relacionado con ello está la quema de grasas que este té estimula, por lo que también se puede considerar un aliado a la hora de reducir peso.

     

    No menos importante es su efecto fortalecedor de los huesos, lo que sirve para prevenir enfermedades óseas como la osteoporosis. La salud bucal también sale reforzada con un consumo regular de té Oolong, sobre todo combatiendo la caries dental. Tan completo es el té azul que incluso se recomienda como tratamiento herbal alternativo en los casos de diabetes de tipo 2. La piel es otra parte del cuerpo que sale beneficiada con este té azul: se mejora su pigmentación y se da un efecto anti-envejecimiento. Además de todo ello, ayuda a mantener la concentración y a mejorar la agilidad mental sin ser agresivo con el sistema nervioso, pues contiene menos cafeína que el café.

     

    Por último, cabe citar las investigaciones que se están llevando a cabo para determinar su efecto anti-cancerígeno, como indican algunos estudios estadísticos.

    Preparación del té azul

    La preparación del té azul no difiere mucho del resto de variedades de té. La única premisa es respetar el tiempo que necesitan sus hojas para infusionar, la temperatura del agua y las proporciones de agua y té. Cualquier variación sobre ello producirá cambios en el gusto y el aroma, algo que también puede buscar voluntariamente el usuario. Como regla general, se recomiendan unos 12-13 gramos de té por cada litro de agua, con un tiempo de reposo de unos 9 minutos. La temperatura del agua debe estar entre 90 y 100 ºC.

     

    El té Oolong es uno de los que mejor se adapta a las recetas en frío. En este caso, es recomendable buscar un resultado más fuerte a priori, con más té de lo habitual, pues a la hora de servirse se hará con hielo, que irá suavizando el sabor a medida que se va derritiendo. Y tanto si se toma en frío como en caliente, el té azul siempre es mejor a granel, filtrando las hojas con un colador tras el tiempo de reposo.

  • Té Verde
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    Historia del té verde

    Teterum te trae los tés verdes de mayor calidad, de todos los tipos y sabores, puros y mezclados o aromatizados. El té verde es famoso por sus muy variadas cualidades saludables que nos mantienen jóvenes y fuertes.

    El té verde de alta calidad que comercializamos en Teterum, es tratado con el máximo cuidado siguiendo procesos tradicionales pero con todos los avances que se han incorpporado para la mejor manipulación de alimentos.

    El té verde, que tiene el honor de ser el té más antiguo, es probablemente la variedad que se topó en 2737 a.C con el emperador Shen Nung en la famosa leyenda: mientras hervía agua bajo un árbol de té silvestre, la brisa hizo caer algunas hojas en su preparado. El resultado le pareció tan rico y reconstituyente que pronto se aficionó a él y ordenó promoverlo.

    Con el paso de los siglos, el té verde fue saltando barreras. Primero, de las clases altas a las bajas. Y después, de China a más allá de sus fronteras, empezando por Asia y siguiendo por Rusia y por Europa gracias al boom del comercio durante la Edad Moderna. Por entonces, sirvió como método de prevención del escorbuto para los marineros que navegaban por ultramar. El colonialismo del siglo XIX también ayudó a popularizar aún más esta bebida, sobre todo en el norte del Viejo Continente.

    Tal importancia alcanzó en China, que a su sombra se desarrolló una de las industrias tradicionales chinas más importantes: la de la porcelana, el material idóneo para servir el té. Actualmente es una de las bebidas más populares del mundo y está viviendo una segunda edad de oro gracias a sus numerosos beneficios para la salud.

    Producción del té verde

    Además de ser la variedad más antigua, el té verde es también el té más producido del mundo y se estima que una quinta parte del total que se consume actualmente responde a esta variedad. Por supuesto, el principal productor de té verde es China, cuna de esta bebida. Y dentro de este país, las provincias de Zhejiang, Hubei, Henan, Jiangsu, Jiangxi y Anhui aportan decenas de sub-variedades distintas.

    Japón es también un país en el que el té verde es bebida nacional. En Kioto y Fukuoka se concentran algunas de las mejores cosechas. Algunas de las variedades con mayor fama hoy en día provienen precisamente del país nipón. Es el caso del Sencha, el Matcha o el Genmaicha.

    El sudeste asiático e India son las otras grandes regiones productoras y consumidoras del té verde. Ceilán, la antigua denominación de Sri Lanka, ha dado nombre a un tipo de té y en Vietnam también hay mucha tradición con respecto a esta variedad.

    Propiedades del té verde

    La gran característica del té verde es que se trata de una variedad no fermentada y muy poco oxidada, lo cual tiene beneficios en cuanto a sabor y en cuanto a salud. Una de las propiedades más valoradas de este tipo de té es su capacidad dietética: tomar regularmente esta bebida ayuda a quemar grasas y, por tanto, a perder peso más fácilmente.

    También son destacables sus beneficios en relación a los huesos: no solo se fortalecen sino que además sirve para prevenir algunas enfermedades óseas, como la osteoporosis. Y uno de los aspectos en los que hay depositadas más esperanzas es en su capacidad anticancerígena: son muchos los estudios que se están llevando a cabo para determinar qué nivel de prevención aporta el consumo del té verde y qué capacidad tiene para mitigar los síntomas en pacientes con la enfermedad.

    Otro beneficio no menos reseñable es su capacidad para prevenir y combatir los resfriados gracias a que es una bebida rica en vitamina C, sobre todo la variedad Sencha. La salud bucal también sale reforzada, pues esta bebida combate la aparición de enfermedades dentales, como la caries. Además, en contra de lo que muchas personas creen, el té verde no es diurético, por lo que puede servir como una sabrosa forma de hidratarse, especialmente en verano. Y cómo no, una buena taza de este té es relajante y ayuda a mejorar la concentración.

    Preparación del té verde

    La preparación del té verde es muy sencilla. Para garantizar un resultado óptimo, es conveniente prestar atención a cuatro aspectos: el equilibrio entre la cantidad de agua y de té a emplear, la temperatura a la que se ha de calentar el agua, el tiempo que se ha de dejar infusionando el té y el formato del té que utilicemos. A este último respecto, es más recomendable utilizar hojas a granel y en trozos relativamente grandes, puesto que con las bolsitas el sabor se vuelve menos natural y más industrial. En cuanto al tiempo y a la temperatura, conviene consultar el propio envase, mientras que las cantidades son más subjetivas y dependen de cuán fuerte o ligero se desea el té.

    Por último, mención especial merece el té verde frío. Esta variedad de té es una de las que mejor se adapta al verano: su preparación es similar al té tradicional, aunque finalmente se refrigera en la nevera y se sirve con hielo para conseguir un efecto más refrescante. Frutas de temporada y de todo el año, como piña, naranja, melón o manzana, son compañeras ideales de este té, ya sea en forma de batido o en trocitos. 

  • Té Blanco

    Historia del té blanco

    El té blanco muy especial pero asequible que puedes encontrar en Teterum es de diferentes sabores y buena calidad. Los tés blancos tienen un sabor suave y floral porque son brotes tiernos y frescos de la planta del té Camelia Sinensis. Una de sus propiedades más destacadas para la buena salud es su capacidad alcalinizante del organismo. Por lo que adoptar la rutina de beber té blanco es un hábito saludable muy recomendable para proteger nuestras celulas.

    No hay unanimidad a la hora de establecer una historia del té blanco. Lo único que está claro es su lugar de origen: China, que también es la patria de las otras grandes variedades del té, como el verde, el rojo o el azul.

     

    La hipótesis que a priori tiene mayor credibilidad sitúa el origen del té blanco en los siglos más recientes, por lo que estaríamos ante la variedad de té más joven. Aunque en ocasiones se hace mención a la pasión que algunas dinastías medievales chinas tenían por este té blanco, no sería del todo correcto identificarlo con el té blanco que conocemos actualmente, pues por entonces se producía y preparaba de manera diferente: las hojas se cocían al vapor, se secaban y se molían, mientras que ahora se prensan.

     

    No es hasta los últimos años del siglo XIX cuando empezamos a tener referencias más certeras y claras sobre este té blanco, que se incorporaría al catálogo de productos del comercio internacional. No obstante, también cabe la posibilidad de que este té fuera un producto de poca producción y destinado al consumo interior por parte de las clases más pudientes y que solo a partir de esa fecha se empezara a conocer también fuera del país.

    Producción del té blanco

    La producción del té blanco nunca ha sido a grandes escalas, de ahí la posibilidad de que pasara desapercibido a los ojos occidentales durante mucho tiempo. En cualquier caso, la producción de este tipo de té se reduce prácticamente a China (y más concretamente a la provincia de Fuijan) y a la isla de Sri Lanka.

     

    El té blanco es un tipo de té muy poco oxidado y su proceso de producción es bastante simple, aunque su selección por el contrario es muy estricta y rigurosa: para el té blanco solo se recolectan las hojas más jóvenes de la Camellia sinensis y las yemas más delicadas antes de que se abran, pues solo estas tienen las vellosidades blanquecinas o plateadas que aportan la calidad necesaria para este tipo de bebida.

     

    Después de esta estricta selección, se dejan marchitar de manera natural para que se evapore la humedad que tienen y posteriormente se desecan, principalmente al aire o con el sol. A diferencia de otros tés, como el azul, no necesita realizar labores de agitación ni otros movimientos: el gran valor de este té blanco es la calidad de las hojas y yemas seleccionadas.

    Propiedades del té blanco

    El té blanco, por el hecho de provenir de la Camellia sinensis al igual que las otras variedades como el té verde, el rojo o el negro, tiene muchas propiedades en común con sus ‘hermanos’. No obstante, se considera al té blanco como una bebida de futuro porque tiene efectos positivos sobre algunas de las grandes enfermedades del siglo XXI. Es el caso de los trastornos cardiovasculares: algunos estudios apuntan a que hay un descenso estadístico de derrames cerebrales entre los consumidores regulares de esta bebida. Además, ayuda a reducir el colesterol y la hipertensión, por lo que el corazón también se ve fortalecido. Por otro lado, muchas investigaciones en curso apuntan a que tomar té blanco con regularidad también es un método de prevención del cáncer, en especial el de colon, estómago y próstata.

     

    Más allá de esto, los beneficios del té blanco son numerosos. Por ejemplo, su efecto ‘detox’, es decir, que tiene presencia de nutrientes anti-oxidantes y anti-envejecimiento. Una de las grandes beneficiadas por ello es precisamente la piel, recuperándola y previniéndola de daños como el estrés o el sol. Además, cabe mencionar el fortalecimiento de los huesos y su contribución a unas encías y dientes sanos.

    Preparación del té blanco

    Como estamos ante un té muy suave y delicado, su preparación también debe ser muy cuidadosa. De hecho, el tiempo de reposo que se recomienda para el té blanco es el menor de todos los tés, salvo algunas variedades aromatizadas. Hablamos de no más de 3 ó 4 minutos. La cantidad en gramos por litro de agua también debe ser moderada, en torno a 11 gramos.

     

    Para que la calidad del té blanco sea óptima también es aconsejable que la temperatura del agua durante la preparación sea 75-80 ºC aproximadamente. Y por supuesto, emplear té a granel y en una tetera con suficiente espacio interior como para que las hojas se muevan libremente: la disolución así será mejor y se sacará más partido a su sabor. Posteriormente se usará un colador o filtro para que a la hora de servir no haya restos de esas hojas. En cuanto al azúcar, eso depende de los gustos de cada persona. Y en cuanto al agua, se recomienda que sea mineral o de la mayor calidad posible, para que no matice a su vez el sabor del té blanco.

  • Infusiones

    Historia de las infusiones

    Infusiones muy variadas y saludables de Teterum. El hábito de consumir infusiones en tus rutinas diarias te ayudará a cuidar tu organismo y proteger tu salud.

    Es difícil datar el origen de las infusiones en la historia. Si entendemos por infusión toda aquella bebida que se extrae de remojar las hojas, flores o frutos de una planta, entonces nos debemos remontar al origen del té, que se data hace varios milenios a.C. en la antigua China.

    Sin embargo, conviene aclarar que el té y las infusiones son cosas muy distintas. Por un lado, el té es toda aquella bebida que se extrae de remojar las hojas de la planta del té, es decir, la Camellia sinensis, que aporta al preparado unas condiciones aromáticas y unas propiedades para la salud muy particulares.

    Sin embargo, por infusión entendemos la bebida que procede de remojar las hojas, flores o frutos de cualquier otra planta y, por tanto, no tiene teína. En este amplio grupo entrarían bebidas tan diversas como el Rooibos, la manzanilla, el poleo-menta, el mate, el tomillo y un largo etcétera. De ahí la dificultad de establecer una fecha histórica de origen, pues cada bebida procede de una cultura diferente. Por ejemplo, el mate era consumido ampliamente por los indígenas guaraníes en Sudamérica y el Rooibos por parte de la población autóctona en Sudamérica. No obstante, se trata de bebidas muy tradicionales y usadas en muchos casos con fines terapéuticos.

    Producción de las infusiones

    La producción de las infusiones es igualmente muy variada, sobre todo en cuanto a su distribución geográfica. Por regla general, no requieren procesos muy complicados de preparación: normalmente se ciñen a la recolección de las hojas o las flores para posteriormente proceder a su desecado. En algunos casos, la parte de la planta a tratar es la raíz, como ocurre con la valeriana.

    En el caso del Rooibos, la zona de producción se localiza en la región de Cederberg, en la Provincia Occidental del Cabo (Sudáfrica). A miles de kilómetros de distancia, en el continente sudamericano crece el arbusto del mate y el lapacho o ‘árbol de la vida’. En el primer caso, la principal zona de producción son algunas provincias argentinas, el este de Paraguay y regiones fronterizas de Brasil. En el segundo caso, la zona de cultivo es más amplia, desde el Caribe al centro y norte de Paraguay y Argentina.

    Por su parte, la manzanilla se desarrolla ampliamente en zonas de clima mediterráneo mientras que las infusiones de fruta son aún más variadas: el hibisco tiene gran arraigo en las regiones del Nilo (Egipto y Sudán), mientras que Turquía es la cuna del té de manzana, por ejemplo.

    Propiedades de las infusiones

    Cada infusión tiene unas propiedades diferentes, aunque siempre muy beneficiosas para el cuerpo humano. No hay que olvidar que hasta la irrupción de la medicina moderna, estas plantas se empleaban como base principal de la medicina tradicional. Aún hoy son muy empleadas con fines terapéuticos en medicina alternativa.

     

    Las infusiones de frutas se caracterizan por su alto nivel de minerales y vitaminas, y esto hace que la mayoría de ellas sean muy buenas para mejorar los procesos digestivos. En el caso del lapacho, una de sus principales propiedades es reforzar el sistema inmunológico y es especialmente efectivo para evitar infecciones virales o bacterianas. Además es un poderoso analgésico y revitalizante. El mate es también conocido por sus efectos estimulantes y antioxidantes. Además, muchas de las infusiones son diuréticas.

     

    En cuanto al Rooibos, podemos hablar de una de las infusiones más completas del mercado: propiedades anti-cancerígenas, anti-estrés o dietéticas se suman a su capacidad de prevenir enfermedades cerebrales degenerativas, cardiovasculares y óseas, como el Alzheimer, el Parkinson o la osteoporosis.

    Preparación de las infusiones

    La preparación de las infusiones depende de cada tipo y de cada gusto personal. El método es siempre el mismo: calentar el agua, normalmente llevándola a ebullición, y dejarla remojar durante unos minutos. En el caso de que se empleen hojas a granel, siempre más recomendable, habrá que prestar especial atención a filtrar bien el contenido antes de servir.

     

    Por regla general, las infusiones admiten mayor libertad de preparación que en el caso de los tés, que han de respetar un tiempo y una temperatura concretos para que el resultado final no sea amargo o desagradable al paladar. Por ejemplo, las infusiones de frutas admiten tiempos de remojado más largos, de hasta diez minutos incluso para poder extraer todo el sabor presente en las hojas o en el preparado en sobre.

     

    Algunas infusiones admiten también más libertad en cuanto a la fase de endulzado: casos como el Rooibos o el mate pueden tomarse directamente solos, ya sea porque su sabor es suave o porque se prefiere un regusto amargo. En cualquier caso, las opciones más comunes para endulzar la bebida son el azúcar, la miel o el edulcorante, mientras que en ocasiones se suele recurrir a la leche para suavizar o aligerar la infusión.

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